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Algunas medidas que ayudarían a mejorar nuestra economía

17/07/2020 Artículo publicado en la revista S'Ull de Sol, firmado por la Secretaria General de PIME Menorca, María García.

El shock social y económico provocado por la pandemia del COVID 19, es sin duda el mayor reto al que hasta ahora nos hemos enfrentado. La absoluta incertidumbre que ha generado la propia situación sanitaria y la dificultad que existe en encontrar la fórmula que permita que podamos reconducir nuestra economía a niveles aceptables, está mostrando nuestra fragilidad en todos los niveles, especialmente en el económico.

La precipitación en la toma de medidas únicas, sin prácticamente alternativas ha abocado a las empresas a continuar todavía con la incerteza de saber cómo afrontar el día de mañana. Es cierto que muchas de las medidas con carácter inmediato, como los ERTEs han permitido que se mantenga cierta continuidad en las empresas y el mantenimiento de rentas para los trabajadores. Sin embargo, sólo el endeudamiento como alternativa para los empresarios no es una medida de solución a medio y largo plazo.

Las derivadas de estas medidas se verán más pronto de lo que desearíamos y esperemos que no supongan la interrupción de la cadena de pagos ni la pérdida definitiva de puestos de trabajo.

La toma de decisiones sobre medidas a medio plazo es urgente, especialmente en la afectación a nuestra economía local y autonómica. Nuestro estado de alarma no ha tenido una duración de 90 días, la tendrá de 18 meses. Lamentablemente en Menorca la mayoría de empresas no serán capaces de generar recursos hasta la próxima temporada turística, después de pasar la última temporada de invierno sin actividad, una temporada turística con una actividad testimonial y enfrentarse a una nueva temporada de invierno.

Son motivos más que suficientes para que se adopten medidas, no tanto vía subvención, si no vía reducción de costes. Para que la reducción de actividad y por tanto de ingresos venga acompasada de una reducción de gastos que permita no desequilibrar más los resultados.

Sin duda, la prolongación de los ERTEs, en tanto en cuanto no se reinicie la actividad a un ritmo sensato es una de ellas, garantizando a los trabajadores unos ingresos mínimos a la espera de incorporación. Pero también estas medidas deben alcanzar a las empresas, no sólo por la vía del endeudamiento que es por la que ha optado el gobierno, deber serlo  a través la reducción de la presión fiscal a todos los niveles de la administración, desde el Gobierno central hasta los Ayuntamientos. Es necesaria una reconfiguración impositiva y unas medidas urgentes transitorias en tanto en cuanto no se redefina una reforma fiscal.

Nuestros países vecinos están tomando decisiones relevantes y que sí ayudarán a las empresas y motivaran el consumo. Alemania, Francia e Italia están ampliando los ERTEs y proponen bajadas de impuestos. Las medidas fiscales, aplazamientos y moratorias, han supuesto para España un 0’9% del PIB, mientras que la media europea está en el 10%, pasando del 13’2% de Italia al 7’3 de Alemania, teniendo en cuenta que ésta última casi triplica nuestro PIB.

Cuando los empresarios nos indican que casi el 45% está teniendo problemas de tesorería, que más del 25% continúa sin actividad, que más del 70% valora que la situación económica es mala o muy mala, vemos que el problema económico creado por la pandemia es de largo recorrido y ahí es donde deberíamos incidir en las medidas para evitar finalmente que se produzca el cierre del 14% de las empresas y que el 51% de los trabajadores que sigue en ERTE no pierda su puesto de trabajo.

Es imprescindible y socialmente ineludible salvar la actividad económica, mantener a las empresas vivas y consolidar los puestos de trabajo. Nadie puede aportar más al estado del bienestar que una economía que sea capaz de reconocer y valorar la aportación social de las empresas, no sólo con la responsabilidad social de las mismas, si no con la generación de recursos que derivan a los equipos humanos, que les permita seguir manteniendo su nivel de vida sin necesidad de recurrir al estado.

Es cierto también que muchas voces propugnan una nueva economía, a las que me sumo, fomentando nuevos nichos de negocio, reconvirtiendo muchas actividades económicas, pero también es cierto que este cambio llevará un tiempo y este proceso puede ser muy doloroso para muchos empresarios, para los que hasta ahora su actividad ha sido productiva y no se les está teniendo en cuenta, incluso denotan cierto rechazo y poca consideración por su aportación hasta ahora. También hay que estar a su lado, acompañándolos para que avancen, permitiendo que tengan una segunda oportunidad en un momento de crisis, que no se vean abocados a un cierre que se lleve incluso su patrimonio personal.

Creemos que otra forma de hacer las cosas es posible, pero para ello la implicación debe ser mutua, administración y actividad económica, y todavía nos falta mucho para llegar a ello. Las medidas que se adopten tienen que ser productivas no paliativas como se ha venido haciendo.

Deberíamos centrarnos en fijar objetivos para un capitalismo inclusivo, establecido sobre una economía de mercado social, comprometida con su entorno y lo que es más importante, basada en la igualdad de oportunidades, que no deje a los autónomos y pymes en una situación de desventaja frente a las grandes empresas, que las reglas del libre mercado favorezcan la competencia entre todas las empresas y que favorezca una distribución de rentas ex ante y no a través de ayudas públicas.

Este cambio no sólo deberá producirse hacia el exterior, la propia administración debe ser capaz de realizar el mismo proceso de cambio y de adaptación. No podemos continuar manteniendo a una administración que cada vez que toma una decisión se convierta en un aumento de infraestructura pública y de nuevos puestos de trabajo en la administración, que las decisiones se tomen sin tener en cuenta la repercusión económica. A lo mejor también deberían centrarse y optimizar las actuaciones que deriven de sus competencias y dejar de hacer algunas de las labores que realizan sin tenerlas, reconvertir a los trabajadores públicos en puestos de trabajo para los que tengan mejores capacidades, analizar la gestión pública

desde el punto de vista de la eficiencia, entre otras. Sin duda, el ejemplo es la mejor forma de dar trigo.

En la reconstrucción de la actividad económica haremos falta todos, autónomos, pequeños y medianos empresarios, trabajadores y administración pública con el objetivo de que nuestra economía se centre no sólo en trabajar mucho durante poco tiempo si no en trabajar durante todo el año.

María García Melsión – Secretaria General de PIME Menorca

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